El Real Madrid ha sufrido la metamorfosis más rápida de la historia de la liga. Ha pasado de ser la madre de todas las plantillas a ser la madre de todos los desastres. Con solo dos bajas. Una cantada a los cuatro vientos, la del argentino Di Maria, que priorizó dinero a gloria colectiva. La otra inesperada y dificil de digerir. Alonso esperó casi a la bocina final para buscar nuevos retos, no se sabe si herido de celos por saberse secundario de Kroos, o por esa "mano negra" que se le atribuye al otrora divino Iker Casillas.
Con solo eso, mucho o poco segun se mire, el Madrid fue borrado del campo por el orfeon donostiarra del futbol, en un ejercicio de creer a pesar del 0-2 casi inicial.
Ni portero, ni defensa, ni medios, ni pegada. Nada. Cada balon parado, daga al pecho del aficionado madridista. Ni la flor de Iker paró la sangría.
Y el prestidigitador de trucos finales y fichajes siderales, Floentino Perez, se descuelga con un mutis por el foro asustante para el merengue de a pie. Porque lo de Chicharito no se considera por Concha Espina como fichaje. Mal gestionada la cesión, mucho tendrá que demostrar el mexicano para agradar a la parroquia que le espera de uñas, por comparar con lo que pudo ser y no fue.
Y Carlo Ancelotti, de cantante de himno en la celebracion de la epica orejona ganada al rival eterno de la ciudad, pasa a marioneta que puede ser defenestrada precisamente por ese cholismo que huele a futbol, cuando no hay mas que lucha física rallana en lo legal. Paradójico que la victima se convierta en verdugo, con 100 dias de diferencia.
El irreconocible Real Madrid tiene semana y media para reencontrarse. Se esperan cambios de hombres y de nombres. Y de esa casta que se les supone a los que defienden esa camiseta, aunque ahora haya un dragon chirriante impreso en ella…
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