No me gustan las personas que hacen del resentimiento su modo de vida. Porque demuestran pobreza de espiritu. Es el caso del ínclito Luis Enrique, actual entrenador del Barcelona. Su resquemor por no haber sido renovado en su época de jugador merengue le persigue, y su muestra de una permanente inquina contra todo lo blanco le deja señalado. Ahora tiene un puesto deseado en el mundo del futbol. El banquillo blaugrana es pieza de caza mayor. Pero puede ser un arma de doble filo. Parece claro que no sería extraño levantar alguna copa a final de año. Tiene a su disposicion jugadores únicos. Pero debe notarse su concepto técnico. Y ahi vienen las dudas. Hasta el momento, el único rival de enjundia que ha tenido enfrente, el PSG, ha dejado visible que este no es el equipo letal de otros años. Fichajes extraños como Ter Stegen, Mathieu, caprichos extraños como dar cancha a Munir por delante de Pedro, pueden poner en la picota al eternamente cabreado con el mundo y con la vida. Me cansan esas ruedas de prensa donde el asturiano gruñón no hace mas que ejercer el mal humor y la tensión dialéctica. Es un privilegiado. Y parece que no lo sabe, o no se dá por enterado. Parece que la vida le trata con la dureza con que trata a muchos de los ciudadanos de a pie. Y no es así. No hay tanto dramatismo como nos quiere vender. La mitad de los partidos los va a ganar aunque hiciera la alineacion al azar sacando bolitas de un bombo. Para los grandes choques, creo que no le va a ser suficiente su concepto del juego. Al tiempo…
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